sábado, 2 de abril de 2011

¿HABLAR O NO HABLAR?

A veces, el silencio es la mejor respuesta ante una acusación falsa. En otras ocasiones, debemos hablar.
Cuando los testigos falsos acusaban a Jesús delante del Sanedrín, Él «callaba» (Marcos 14:56, 57, 58, 59, 60, 61). Habría sido inútil defenderse. Además, estaba cumpliendo la profecía de Isaías 53:7Sin embargo, un tiempo antes, durante Su ministerio, el Señor censuró a los fariseos y los desafió a que demostraran que Él había pecado (Juan 8:46).
Cuando unos “hermanos” de la iglesia fueron llamados a disciplinarse, en lugar de arrepentirse decidieron irse de la congregación y  dijeron mentiras sobre el pastor. El pensó que defenderse no era una actitud cristiana, y, en ciertos casos, es así. Pero, en esa ocasión, era necesario enfrentar a los alborotadores y rechazar sus falsas acusaciones. Ellos se fueron a otra congregación donde se repitió la misma historia. El pastor tendría que haberlos instado a arrepentirse o, de lo contrario, enfrentar la disciplina de la iglesia.

El no decir nada puede permitir que los perversos sigan adelante con sus malignidades Sin embargo, si el Espíritu de Dios nos guía a permanecer en silencio, o si simplemente queremos tratar de salvaguardar el orgullo herido, debemos controlar nuestra lengua.
¿Te están acusando falsamente? Si consideras que es inútil discutir o si tu orgullo ha sido herido, pídele a Dios que te dé la gracia para no decir nada. Pero, si te preocupan los perversos y quieres que se haga justicia, ¡habla!
El silencio puede valer mucho; no lo rompas, a menos que puedas decir algo más valioso.

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