viernes, 18 de diciembre de 2009

Conejos y más conejos


María recibió un conejo de cerámica por su cumpleaños de parte de un compañero de trabajo, y ella lo puso sobre su escritorio para que todos lo vieran. Algunos de sus otros colegas comenzaron a pensar que a ella debían gustarle los conejos, así que comenzaron a regalarle artículos que tuvieran que ver con conejos por Navidad, su cumpleaños y otras celebraciones especiales. Pronto su oficina se llenó de «cosas conejo» —lapiceros, velas, notas adhesivas, carpetas y tazas para café.
Cuando María dejó la compañía, un amigo le preguntó qué hizo con los conejos. Ella respondió: «Bueno, en realidad no me gustan los conejos, así que los regalé todos».
Las personas tienen buenas intenciones, pero no siempre nos conocen bien. Nunca nos conocerán como Dios nos conoce. No hay nada acerca de nosotros que Le sea oculto. El Salmo 139 nos dice:
• Dios sabe todo lo que hacemos (v. 2). Sabe todas las actividades en nuestro día y cada detalle de nuestro horario.
• Dios sabe todo lo que pensamos (v. 2), lo bueno y lo malo, lo saludable y lo impuro.
• Dios sabe todos los lugares a donde vamos. «Has escudriñado mi andar, . . . y todos mis caminos Te son conocidos» (v. 3)
• Dios sabe todo lo que decimos (v. 4).
Él nos conoce mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos. ¡Qué consuelo que nuestro Señor nos conozca de manera tan íntima, aun con todos nuestros defectos, y sin embargo que nos ame de manera tan completa!

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