viernes, 8 de enero de 2010

TESTIMONIO SILENCIOSO

En una bella y fresca mañana de enero, mi esposa  y yo estábamos trabajando en una cafetería al aire libre junto a la plaza Juan Pablo 2do.en Zapopan Jalisco, En una bella calle adoquinada con frondosos árboles de naranja alrededor, el escenario era  tranquilo y encantador, y una ligera brisa soplaba por la calle.

En una mesa, una joven estaba sentada en silencio tomando un café leyendo su Biblia. Estaba absorta en el texto y ocasionalmente levantaba la vista para considerar lo que había leído. Nunca dijo palabra alguna, pero su corazón y sus prioridades nos eran visibles a todos en esa cafetería. Era un testimonio suave, positivo y silencioso.

Ella no estaba avergonzada de Cristo o de Su Libro. Tampoco predicó un sermón ni cantó ninguna canción. Estaba dispuesta a que se le identificara con el Salvador, pero no necesitaba anunciar su lealtad.

En nuestros intentos por compartir el mensaje de Jesús debemos finalmente usar palabras, porque en última instancia las palabras son necesarias para presentar el evangelio. Pero también podemos aprender del ejemplo de esta mujer. Hay momentos cuando el silencio de nuestras acciones diarias habla en voz alta, revelando nuestro amor por el Señor.

En nuestro deseo por compartir a Cristo con un mundo quebrantado, no ignoremos el poder de nuestro testimonio silencioso.
"Solamente comportaos de una manera digna del evangelio de Cristo, . . . firmes en un mismo espíritu, luchando unánimes por la fe del evangelio". (Filipenses 1:27)

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