domingo, 31 de enero de 2010

ATRIBUYÉNDOSE LA RESPONSABILIDAD


Mientras las imágenes de escombros en llamas y personas frenéticas aparecen fugazmente en la pantalla del televisor, un periodista dice: «Una organización terrorista se ha atribuido la responsabilidad del atentado de anoche que dejó 23 muertos y muchísimos heridos». No fue un acto de violencia al azar sino calculado para asustar a las personas y hacer avanzar la agenda de aquellos que dieron un paso al frente para decir: «Nosotros lo hicimos».
En marcado contraste, uno de los actos más brutales de la historia tuvo la intención de traer paz y sanidad, no temor. Además, Dios se atribuyó la responsabilidad del mismo en la profecía de Isaías, siete siglos antes de que sucediera. El profeta predijo la muerte del Mesías con estas palabras: «Mas Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por Sus heridas hemos sido sanados. . . . Pero quiso el SEÑOR quebrantarle, sometiéndole a padecimiento» (Is. 53:5,10).
Justo antes de Su crucifixión, Jesucristo dijo: «Nadie Me la quita [mi vida], sino que Yo la doy de Mi propia voluntad. Este mandamiento recibí de Mi Padre» (Juan 10:18). Jesús murió voluntariamente por nuestro pecado para que pudiéramos vivir por medio de la fe en Él. Dios se atribuyó la responsabilidad por la muerte de Su Hijo, permitiendo que cualquiera reclamara Su regalo del perdón.

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